Foto de Tapa: "Caperucita y el lobo".
Grupo Mondongo,
Buenos Aires, 2009 |
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Como la alegría, así de chispeante es la vida. Pero hay que saber ir a buscar sus torrentes por los bosques,
hasta dar con sus manantiales. Este libro está dedicado a todas las personas que por una circunstancia y otra
son terapeutas y son pacientes. Está hecho dentro de las paredes de un consultorio, donde el dolor, la espera,
la desesperación, el llanto, la risa por lo absurdo de tantas empresas humanas y la alegría milagrosa
por el logro que parecía imposible, danzan en un vaivén lleno de esperanza, zozobra e inquietud.
Siempre está en juego el anhelo por vivir mejor y el afán por abrir las celdas en donde la vida
parece tan atrincherada y empobrecida.
Como en la vida, hay consultorios tristes y hay consultorios alegres.
Personas amargas y personas dispuestas, personas tediosas y personas entusiastas, entre los terapeutas y entre los pacientes.
Hay que buscar lo mejor predispuesto hacia la vitalidad, en uno y en los demás. Siempre hay un camino por abrirse.
Siempre hay una hendija aún en el mayor de los encierros, siempre Dios, la vida o la naturaleza nos muestran
señales por donde abrirnos el paso.
Este es un libro que cuenta historias de vida y tramas de problemas complejos que más de una vez nos dejan perplejos.
Habla a los terapeutas sobre los aciertos que nos dan un respiro para seguir avanzando y sobre los errores que habitualmente
se cometen y que podrían subsanarse. Habla a cualquier persona que quiera comprender el mecanismo de los dolores
y sostenga el afán de la búsqueda. Es un libro que habla de fantasmas y de las sombras que la enfermedad
emocional traza sobre nosotros y no nos dejarán en paz hasta que hagamos algo con ellas.
No hay excusas, ni hay premios consuelo. Todo resulta ser un proceso de evolución y la única serenidad está dada
por el entendimiento, la aceptación y el despliegue pleno de cada día. Hay que ir en busca de la vida.
Que nos haya sido dada, no quiere decir que sepamos tomarla.
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