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El Mapa o ¿Dónde estamos parados?
 
Extractos de: "Dónde Estamos Parados". Todo esta tejido en conjunto.

¿Qué es la apertura de conciencia? ¿Qué implica ser más resistente? ¿En qué consiste la fortaleza espiritual?[1]Buscamos comprender el universo que nos rodea tanto alrededor nuestro como en nuestro interior. Ya sabemos que si no nos abarcamos a nosotros mismos muy poco entenderemos sobre quienes están al lado nuestro y cuál es el misterio de lo que nos rodea en lo inmediato. Queremos el conocimiento de los grandes asuntos que nos preocupan pero nos agobian tantos libros a leer, tantas disciplinas diversas a comprender, para tratar de captar algo, de lo mucho que late en el fondo humano.

Vamos a acercarnos a algunas cuestiones que serán útiles para la vida de cada uno, para ahondar en el miedo, para ubicarlo, para conocer lo que daña, saber lo que salva, huir de lo que enferma, lograr una vida consistente e íntegra.

Voy a ir dibujando un mapa de cuestiones, para ubicar algunas coordenadas de nuestros específicos problemas. Ya que de universos externos y mundos internos se trata, trazar una ruta, delinear un mapa, es un modo de percibir mejor dónde se alojan las cuestiones en las que vamos a penetrar, de dónde vienen y hacia dónde se pueden encaminar.

Estamos rodeados de una maquinaria de fuerza, cada uno de nosotros también forma parte de esa maquinaria. Eso es el campo de inmanencia, que estemos dentro no significa que tengamos la conciencia del lugar que ocupamos, que tengamos nuestro peso. Nuestro lugar genuino sólo se puede encontrar por un campo de vibración, los lugares que encuentro por situaciones de poder, de reclamos, demandas y aspiraciones no siempre indican el exacto punto de la trama inmanente de la vida en la que me sitúo, el punto que ilumino, la luz que emano.

Todo ocurre dentro de una gran máquina abstracta. Como máquina se forma y se deforma, se acelera, se vuelve lenta, se acciona, se bloquea, se disloca, se territorializa y se desterritorializa produciendo diversos enunciados, símbolos, signos e indicaciones de acción, que nunca son individuales como solemos creer, pasan por nuestra individualidad, toman nuestra subjetividad, mostrando luego y saliendo ya desde nuestro interior, las puntas o índices de lo que se está por efectuar o de lo que acaba de ser efectuado.

Todos sostenemos una multiplicidad, una enorme multiplicidad que está siempre latiendo, que intentamos dominar por un dua-lismo automático asentado en nuestra mente, por un juego insistente de contrarios entre los que vamos y venimos, volviéndonos polares, contradictorios, ambiguos, inoperantes muchas veces. Es el dualismo el que nos impide pensar, siempre nos aplasta, nos instala en un mar de dudas del que pocas veces logramos tocar una orilla. Ya es todo un arte salir del modo dual de sentir y pensar y buena parte de este libro intenta ofrecer algunos caminos posibles.

De la gran máquina abstracta, ante todo soy un segmento. Este segmento tiene dos topes (ver grafico anterior), que son las dos coordenadas entre las cuales debo comenzar por estabilizar mi cuerpo y mi subjetividad. De eso se trata arreglárselas luego de nacer: de sobrevivir. Una coordenada es la madre y otra coordenada es el padre, funciones cuidadoras primarias, de sostén en medio del magma. A la vez la madre y el padre están en todos los demás circuitos de incidencia de la vida, en todos los demás aros siguen resonando hasta que se pierden en dimensiones mucho más complejas. En tanto son coordenadas se expanden más allá de su punto de anclaje, pero a diferentes potencias que van dejando de ser domésticas y menos aún familiares.



Empiezo por estar hecho de una cantidad de fluidos que caen sobre mí y de una cantidad de fluidos que salen de mí. Fluidos químicos, magnéticos, psicológicos, etc. Yo soy el choque, soy tanto el efecto como el productor de esa orquestación de fluidos, de líneas, de frecuencias y de ritmos. En todos los órdenes de la vida, físico, mental, químico, magnético, emocional, etc., me estoy haciendo todo el tiempo.

Mi debilidad depende de la pasividad que yo tenga en este movimiento. Mi fortaleza, mi inteligencia y mi ingenio, de la velocidad con la que yo logre ir moviendo estas líneas que me tejen, para aprovecharlas, saber usarlas, enriquecerlas con mi inteligencia, desviarlas si es necesario, neutralizarlas si de eso depende mi vida.

Estas líneas, en tanto me van tejiendo y me han tejido, quedaron cautivas en mí. Mi salud dependerá en algún momento de mi vida, de que pueda mover la línea que me enferma. Mi enfermedad sostenida dependerá de que me vuelva a afirmar en la línea que me degenera una y otra vez, y la vaya endureciendo cada vez más, de tanto reafirmarla. Mi actitud de lucha, me llevará a tomar otras líneas, por las cuales yo seré un modo peculiar de estar enfermo y otro modo peculiar de estar sano. Hay saludables enfermos como graves enfermos que gozan de buena salud física general.

Nos atraviesan muchas líneas, las que pasan por mí, se tensan en mí para constituirme en lo que soy, se cautivan pero siempre tienen una boca de salida, una liberación potencial del cautiverio. Cuando necesitamos cambiar debemos ir a buscar otra linea de apoyo nueva, otra combinatoria. En la misma línea que me detiene sólo puedo reposicionarme una y otra vez, pero todo es sobre el mismo tono, sobre la misma cualidad. Es muy difícil buscar otra línea, sostenerse en otra cuerda en estos tiempos de tanto desconocimiento de uno mismo, pero lograr la mutación de los fenómenos que nos cautivan, es crucial para sostener nuestra vida de un modo provechoso.

¿Por qué resulta un arduo trabajo ser un buen domador de líneas, un buen danzarín entre las cuerdas? Porque hay un enorme sensor en mi cerebro, un condicionamiento en mi sensibilidad y formas ya establecidas, tanto física, química, psicológica y antro-pológicamente, que se re-instalan circuitos y no fluyen hacia estados más puros. Se absorben moldes y modelos de una cultura. Lo permitido y lo esperado para una época marcan un cuerpo, un físico, una emoción, un modo de pensar.

Cuando un ser humano está urgido por encontrar un grado mayor de libertad, tiene que luchar arduamente con los modelos que se incrustaron sobre sus instintos y con los premios y castigos, las ganancias y las pérdidas que se han consolidado en las historias vinculares que ha sostenido. Y uno tiene que soltar moldes, pero esa ruptura de moldes se hace muy dolorosa, pues esos moldes viven encadenados a diferentes grados, a otros moldes más abstractos y sutiles, potenciándose en conjunto a altísima velocidad e incierta combinatoria.

Necesitamos del verdadero conocimiento para hacer los desprendimientos, sin desprendernos interiormente de la articulación que siempre debe existir entre lo que pienso, lo que hago, lo que siento y lo que soy.

Pregunta: Por ejemplo, observo una cadena de instituciones que tienen alta influencia sobre mí: familia, colegio, empresa, pertenencia profesional. ¿Qué hago con todo esto?

M: Esa es una cadena dentro de todo, bastante accesible a tus ojos porque está materializada. Atrás de la cadena de instituciones, hay otra cadena más sutil y potente, que es la fuerza del flujo con que una institución específica va a someter a sus miembros, a crear la cohesión, a propiciar o bloquear los movimientos en el interior mismo de la institución, de la cultura, de la mente singular de quien esté ahí.

A esa fuerza de los flujos no se accede con facilidad, está en terrenos más invisibles su máquina de producción. Se puede sentir la acción de esa cadena en el cuerpo, que es el mejor y mayor de los censores, pero el cuerpo también está como amurallado, cerebralmente armado, algunos de sus sensores cautivos dentro de un sistema de decodificación que va a hacer leer al cuerpo en un código falso, en tanto la máquina siempre va a esconder el procedimiento que usa para cautivar. Podemos llegar a leer el dolor de nuestro cuerpo con un código que protege al flujo, sirve al funcionamiento de la máquina y no necesariamente a nosotros y a nuestro cuerpo. Eso pasa todos los días en nuestra vida.

Comentario: Dudar permanentemente de lo que estas pensando sería una buena opción.

M: Siempre tendrías que dudar, porque el pensamiento tiende a armarse con lealtad a esas cadenas de flujo. Dudar hasta tomar una decisión y allí avanzar, hay un tiempo para todo. Ir dudando y afirmando a la vez. Ver las consecuencias de nuestras afirmaciones, luego pensar otra vez, dudar, cotejar, contrarrestar, adquirir conocimiento y luego decidir nuevamente.

Todos vivimos atados a diferentes sistemas de formas. La forma de la familia, la de la belleza, el dinero, la fealdad, etc. Múltiples formas que están encadenadas en muchísimas otras formas, unas accesibles a nuestra conciencia, otras que se vuelven muy inaccesibles. El logro de la libertad es arduo, pero vale la pena la vida habiendo vivido alguna experiencia de libertad, de esas que me permiten conocer quién era yo sin atarme a nada y eligiendo a qué atarme.

Pregunta: De que manera uno podría lograr verdaderamente un cambio?

M: Se podrían lograr cambios rompiendo la red, creando fisuras en la red que me define y me ata, o sea, poniendo el pié en otras líneas más potentes. No es creando rupturas entre lo que siento y lo que pienso que avanzo. Muevo mi vida haciendo fluir inteligencia y sensibilidad en una mezcla correcta. Si hay sensibilidad sin pensamiento, se tiende a quedar en estados de pura emocionalidad, que nos meten en la jaula del sentimentalismo. Si hay pensamiento sin sensibilidad, se tiene la tendencia a ir hacia el racionalismo, a un modo de atarse mentalmente que nos lleva hacia la cárcel de la razón. Los sistemas de cierre de lo humano son tan perfectos que tienen sus recetas para atar tanto a las pasiones como a las ideas. Y hay tantas recetas para la pasión, como fórmulas para la razón extrema.

Salir es una cuestión de lograr la prudencia para realizar la ruptura de líneas. Un error en la ruptura nos deshace. Por desespe-ración o inconsciencia muchas veces nos tiramos contra las cuerdas. Se pueden romper líneas con el alcohol, la droga, el sexo y a veces un error conduce a la demolición, abre una línea de muerte sobre lo que era una linea de salida, se cierra la vida y comienza la debacle. Se puede buscar una salida rompiendo algo que me rodea y después eso mismo se puede volver en contra.

“Claro, toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea­ –los grandes golpes repentinos que vienen, o parecen venir, de fuera-, los que uno recuerda y le hacen culpar a las cosas, y de los que, en momentos de debilidad, habla a los amigos, no hacen patentes sus efectos de inmediato. Hay otro tiro de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre tan sano. El primer tipo de demolición parece producirse con rapidez, el segundo tipo se produce casi sin que uno lo advierta, pero de hecho se percibe de repente………Ahora bien, un hombre puede derrumbarse de muchas maneras –puede derrumbarse mentalmente-, en cuyo caso los otros le despojan de la capacidad de decisión; o corporalmente, cuando uno no puede sino resignarse al blanco mundo del hospital; o a causa de los nervios…A veces, sin embargo, al plato cuarteado hay que guardarlo en la despensa, hay que mantenerlo en servicio como menaje de la casa. Nunca se lo podrá volver a calentar en el horno ni juntar con los demás platos en el fregadero; no se sacará cuando haya visitas, pero servirá para poner galletitas avanzada la noche o para guardar restos de comida en la nevera…

De ahí esta secuela; la continuación de la historia de un plato cuarteado. [2],”


Sumando complejidad, la ruptura de las líneas ni siquiera es premeditada, no está preestablecida, todo depende de una experimentación en la que se vaya detectando hasta dónde se puede soportar constructivamente la ruptura, tejiendo a la misma velocidad que se desteje, evitando la aniquilación, que es una parte más del programa. No es sencillo, es parte del trabajo espiritual y no se puede hacer sin ese trabajo de espiritualización, que no es otra cosa que el profundo conocimiento de uno mismo.

Para ayudarse en este proceso uno tendría que ir sorteando trampas elementales para el logro de la mayor apertura de conciencia. En lo posible de modo metódico, no se pueden sortear estas encrucijadas:

-La familia bien puede ser la primera trampa, darle demasiado lugar a lo que han hecho tanto mi madre como mi padre, o ignorar el alcance del lugar que ocupan en muchas acciones de mi vida. Las dos cosas son nubarrones para nuestra nitidez. El creer que no tengo que pasar por la marca que mis padres han dejado en mi interior, es un error para estrellarse ya en la salida. Y detenerme excesivamente en los sucesos con los que los padres tejieron la infancia del hijo, es otro error que detiene cualquier evolución. Toda línea es peligrosa, la línea materna tiene su posibilidad de salida si la sé caminar al ritmo que abre la línea, pero también me puede matar si voy a fuerza de sometimiento, envestida o queja sostenida. Lo mismo sucede con el camino que el padre traza para cualquier hijo, tiene opciones de liberación, tiene también trampas de detención. Las líneas son potentes atractores, cada cuerda quiere sostenerse, quiere mantener su identidad con su propia tensión, quiere ser esa cuerda y resiste, no negocia con facilidad su abandono.


Nos detenemos muchas veces en los sucesos que tejieron una infancia y una juventud y vemos con mucho tino la incidencia que tienen en nuestra vida. Pero para el desarrollo psicológico y la fortaleza de un ser humano, la vida de los padres, resuelta o no por ellos, encierra una trampa para la vida de los hijos.

Todo hijo tiene que descifrar esa trampa, eso de los padres que entró en el hijo y que el hijo toma ya sea como mandato literal o negligentemente, jugando a la ignorancia respecto del peso de sus ancestros, en tanto cree que no le es propio lo que lleva marcado en sus vísceras. Ese virus ancestral vive con su propia combinatoria de fuerzas y desafíos en el interior de todo hijo y si no se desata, termina encapsulándolo, deteniéndolo, debilitándolo, conduciéndolo a un fracaso, a un enquistamiento, a un desarrollo en falso, a un derrumbe también.

En un punto todo padre muestra un camino, pero no es el conductor del camino luego de haber pasado la puerta de salida. ¿Qué sucedería si luego de atravesada la puerta del pasado familiar, justo cuando comienza la salida a la propia vida como proceso y el inicio de un modo de ser, en lugar de hacer mi propio camino y abrir las malezas que para mí se tejen, subiendo a la ruta trazada ya por ellos y los llevo en mi horizonte, en vez dejarlos en un pasado ancestral para mí?

Caminaría en falso y tal vez llegue al final, siempre en falso, siempre con vacío, con extrañeza, con pobreza de mí mismo, con insatisfacción como telón de fondo. Es terrible como hijo caer en la tentación de caminar sobre el camino de los padres, de caer en la inercia y encabalgarse en lo que para ellos fue el cierre o la apertura de su vida, en lo que fue la vida de ellos, que no puede nunca ser la vida mía.

Lo que resulta un activo desafío es lograr tomar de la madre y del padre el tono de su vitalidad, su capacidad de lucha o no, su actitud ante la vida y desde allí animarse a hacer una evolución más. Nada concreto, no los hechos, sino la actitud de lucha ante las adversidades que han tenido: tanto su fracaso como su logro. Nada concreto, tomar la intencionalidad y saber pesarla, analizarla, aceptarla, comprenderla y cambiarla si es necesario. Tomar la memoria, eliminar los recuerdos. Tomar la intención de la fuerza, más que los efectos producidos.

Es necesario trabajar con uno mismo para tolerar quedarse huérfanos. La primera orfandad que tenemos que soportar es la de mamá y papá, dejar de refugiarnos tanto en sus logros, como en sus desdichas, en sus aciertos y en sus errores. Si no es así, te-nemos la trampa delante de los ojos y allí nos daremos de boca. Estamos solos, como decía Virginia Woolf y no hay de donde agarrarse, todo lo otro es ficticio. Tolerar con lucidez saber que se está solo frente al propio destino, que debo hacer mi trama, que vengo de la destinación de mis padres y de allí debo salir, hasta con mis células.

Comentario: Eso lleva unos cuarenta años de vida por lo menos.

M: Es un tema cerebral y de sensibilidad, nuestra cultura esta hecha para que eso lleve toda una existencia. Hay un infantilismo creciente que apega débilmente a modos psicológicos muy elementales para dimensionar la relación con los padres, que apega a fórmulas psicológicas básicas de esa relación y no accedemos a planos mayores de la dimensión espiritual que nos habita, a un tipo de fuerza que nos lleva lejos, que nos construye, que nos puede hacer amar sin deteriorarnos, que nos da un gran piso para los saltos necesarios. Esa fuerza está, tan solo pide de nosotros la decisión de pagar lo que hay que pagar para que el salto sea logrado.

-Hay una segunda trampa, diríamos que ya no es emocional, sino de tipo mental: el dualismo mental del que hemos hablado.

Me quedo o me voy, me caso o me separo, estoy o no estoy, amo u odio, amigo o enemigo, etc. Esta función de corte, instalada de forma constante y para todo, sin planos, sin búsquedas, sin cuestionamientos radicales, es más lo que empobrece que lo que ayuda a la formación de una inteligencia más potente. La vida es tan paradojal como dual. ¿Podríamos verlo? Es parte de nuestra debilidad y de nuestra locura pensar con tanta comodidad en dualidades que tan pobremente se sostienen a fuerza de nada, a impulso y ruido.

Nada te salva y nada te hunde en si, depende del tejido de la trama que se activa para tu vida, si sabes verla. Una línea hunde pero otra salva en el costado siguiente. Luchar por ver esta dimensión, cambia la calidad de una vida, la intensidad de un pro-blema, la solución a un conflicto. Por ejemplo, ¿es bueno estar solo? Sí y no. ¿Cómo de solo? ¿Cuándo solo? ¿Con relación a qué situaciones, solo? Lo que es la cárcel en un lado, es la libertad, es una cuestión de líneas en otro lugar. Hay múltiples líneas, ninguna cubre una totalidad en si. Todo sucede en medio de flujos. El mapa de nuestra vida se mueve todos los días. Somos nosotros los que hacemos un enorme esfuerzo para intentar ser siempre los mismos, ver siempre el mismo mapa, andar siempre con la misma cantinela.

-Hay una tercera trampa, está escondida en nuestra cultura y en nuestra idiosincrasia.

Se dice en nuestra cultura que nosotros somos seres de deseo y que la sociedad de consumo nos ofrece modos de satisfacerlo para hacer nuestra vida más alegre, más plena, más llena de sensaciones, más exitosa. También nuestra cultura nos dice que en tanto la sociedad de consumo no logre calmarnos y contenernos, nuestra vida será desdichada, pobre y marginada, quedando al fin depositada al borde del camino, de una ruta que transitan los exitosos y desde donde nos miran, gozando, lamentando o ignorando nuestro fracaso económico o emocional, que se vuelve signo de fracaso existencial, signo de pérdida de identidad y de valor ontológico. Estar satisfecho o insatisfecho se ha vuelto indicador de adquisiciones materiales que pretenden mostrar fuerzas potentes y alegrías espirituales. Un gran equívoco que va a terminar con la vida de todos.

Esta es la trampa, creer que padecemos insatisfacción de algo. Y este concepto de insatisfacción, de carencia, de falta, de tristeza por lo que no tengo, destroza buena parte de las grandes empresas.

Somos deseo. Pero el deseo no es algo que se tenga que descargar, que se tenga que postergar, que se tenga que satisfacer de modos tan ilusorios. Es algo que se tiene que tener y contener. Es vida. Lo único que el deseo tiene que hacer es estar perma-nentemente en un flujo, circular. Creer que porque se descarga en un orgasmo o se descarga adquiriendo objetos, o compitiendo, o torturando, se lo tiene calmado y nos brinda su plenitud es un gran equívoco. El deseo es la máquina de la vida y quiere vida.

No es que estoy con una vida suspendida hasta que consiga algo que no tengo y entonces vuelve la vida otorgándome un perdurable alivio. Ese es un error, también mental. No hay más vida que ésta, esto es lo que tengo. Lo que consigo o no consigo afuera es una ilusión más. Lo que tengo que conseguir es la vida conmigo mismo, es el flujo vital que me permita sentir la intensidad de lo que vivo en cada acto sencillo que respiro. Lo que no consiga conmigo mismo, no lo voy a conseguir por fuera de mí. Es una cuestión de peso vital, más allá de lo económico y de lo social. Todos son alivios o torturas, pero si no me tengo a mí para procesar la calidad de lo que consigo y la calidad de lo que pierdo, todo es poco y la sensación de nada es continua.

-Vamos ahora a una cuarta trampa: Como el mapa de la vida es maravilloso, abría muchas maneras para adquirir libertad. ¿Cuál sería esta trampa? Equivocarse en las señales para adquirir más grados de libertad. Todas las líneas que nos cruzan emiten sus señales, dibujan sus signos, insinúan sus pistas. Pistas de cárcel, pistas de libertad, pistas de error, pistas de aciertos. Las pistas se dejan vislumbrar más que ver, nunca muestran su extensión, sino que insinúan unas puntas, como detalles, instantes, pequeñas cosas que pasan al costado de lo que está pasando, pequeñas cosas que requieren visión, que están hechas casi para pasar inadvertidas: hechos, objetos, coincidencias, personas eventuales, sueños extraños. Esas pistas son íconos, una orquesta sutil de señales, para personas que tienen en general, dificultad para la detección de las señales.

Las señales están allí afuera conjugándose para nosotros y nos indican por dónde algo se cierra, por dónde algo se abre. Para poder detectar señales que de hecho todos anhelamos vislumbrar, deberíamos romper ésta trampa de lo dual, las grandes trampas emocionales, la trampa de los espejismos de la sociedad de consumo y todas trampas del apego comenzando por la relación con los propios padres.

Comentario: En general terminamos viendo, pero tarde.

M: Eso es muy interesante, siempre intentamos arreglar las cosas cuando ya no tienen arreglo. ¿Por qué no podemos vislumbrar lo que centellea frente a los ojos en muchas situaciones? Porque no tenemos una buena detección de las señales. Porque vivimos ahogados en anécdotas, en cuentos que no van hacia las verdaderas señales, esas que están ahí latiendo y anticipando sucesos. Ver señales significará ver elementos sueltos de una cadena que como tal, late de modo invisible. Ver elementos de las cadenas que nos están envolviendo, es comenzar por ver que hay puntas visibles que indican una apertura, como hay otras tan visibles también, que indican un cierre. Detectarlo mentalmente, tolerarlo emocionalmente, resolverlo sensiblemente. Ahí está el desafío.

Tomemos algo tan actual como la enfermedad despertándose abruptamente y con la amenaza de llevarse una vida en pocos meses. En una situación hay una persona que arrastrada por este vendaval muere de modo abrupto. Hay otra persona que enferma también, logra curarse o prolongar notablemente su vida. ¿Cómo se logra transmutar una enfermedad, cuándo se logra? Entrando a otra línea, tomando un índice, una señal de otra línea y tratando de llevarse a la vibración de esa otra línea. Uno está enfermo en una combinatoria de líneas, si uno lograra romper la combinatoria de la enfermedad, es porque entra en otra línea, en otra historia, en otra vida sin morir aún en ésta.

¿Por qué no se rompe la combinatoria en la que estamos enfermos? A veces porque es demasiado tarde, a veces porque no se busca ir allí, otras veces, porque no se rompe el modo de ver, ni se rompe la atadura que forma parte del sostén de esa combinatoria de enfermedad. Hay que pagar costos para pasar de línea, es como pasar de una vida a otra, girarse a veces por completo. No siempre se puede. Tomemos otro ejemplo, una pequeña carta que dice así:


Querida M,

Te quería contar este diálogo con mi madre a comienzo de año cuando ella comenzaba el tratamiento contra el cáncer de mama. Me acordé de tus palabras y se las dije.

Mamá: … no sé que tengo que hacer cuando me dicen que tengo que luchar contra esta enfermedad. ¿Qué es luchar?

Hija: … luchar es vibrar en salud.

A los pocos días de esta conversación ella se buscó un curso de pintura para pacientes oncológicos y participó todo el año. Y fue más allá de eso. Cuando el curso terminó, convenció a toda la gente para que sigan pintando hasta el comienzo del próximo curso. Invitó a toda la gente a su casa una vez por semana.

Me da mucha alegría llamarla por teléfono y que me diga que no tiene tiempo para atenderme porque está con su gente en el jardín o en el living pintando.

Me dice: “Llámame mas tarde…que no tengo tiempo”

¿Lindo, no?

Fíjate que por tu trabajo, por el aprendizaje de tu transmisión, a través de mí, a través de mi madre, luego llegó por ejemplo a un hombre de 55 años con cáncer que vibra en la salud, aunque sea por una hora y media el Miércoles por la tarde. Mi madre se está recuperando.

Abrazos y besos.



En toda salida hay una máquina abstracta[3], eso es lo que hay que rozar para entrar en otras lógicas que están aguardando pasada la puerta. Específicamente en toda salida hay de modo general, dos tipos de máquinas polarizadas para mi entendimiento. Hay una máquina que va a indicar cómo cada persona debería quedarse adentro y al resguardo de una específica situación que al día de hoy la oprime. Situación que la podría conducir a la destrucción. Y hay otra máquina pegada en la espalda, que contiene la indicación de cómo salir sin estrellarse.

Todo depende de cuánto se tolere la vibración física para entrar en esa máquina de salida y no equivocarse en las velocidades, en los procedimientos de detención o estallido. Lo que se tiene que soportar con coherencia y resistencia es la sensibilidad del cuerpo, la nitidez de la mente y encaminar el stress emocional. No está todo en la fría razón.

En el pasaje de una línea a otra, es la vibración a veces imposible del cuerpo, la que juega malas pasadas. Se requiere conocimiento y preparación, pues si no se soporta y armoniza la vibración del cuerpo, la persona puede tirarse erróneamente hacia adelante o equivocada hacia atrás. El tema de las líneas o de las cuerdas que hay que saltar, requiere de una prudencia enorme, pues tampoco hay una receta de antemano.

Observamos a tantas personas deslizándose por líneas suicidas, llevando su cuerpo a extremos de tolerancia y sin detenerse en el ritmo que le habilita la posibilidad de vivir. Vemos a diario, personas que en su ambición llevan su intensidad hacia la adrenalina, cuando el único lugar para llevar la intensidad es el conocimiento, que da serenidad, cautela y ritmo.

Y luego, ¿cómo se podría explicar que una persona en la máxima adversidad siga luchando? Porque va adquiriendo ese conocimiento, una sobriedad y cierta hondura. Y esa es la clave de su lucha. Si esto no se ve, lo que hay es ruido de superficies, riesgo, alto peligro. Lo que se llama fuerza interior, ¿qué es? ¿Qué es la fortaleza? El sostener el camino con un paso firme, una lucha insobornable y una extraña inteligencia que asiste, si la serenidad y la cautela comandan la ruta. La literatura ha dado inolvi-dables historias con éstas características.

Comentario: Estas hablando ahora de instinto de supervivencia.

M: El instinto pasa por uno. La misma vida que se detuvo en mí cargándome de su energía, es lo que llamaré mi instinto: yo soy la concreción de un segmento de vida. Esa fuerza que es mi motor, será moldeada y tomada para que la vida en mí cobre una forma, buena, mala, débil, potente, graciosa, integrada, desmembrada. Lo que hace que en una adversidad salgamos adelante, luego de la acción del azar, es el agarre que cada uno tenga a las líneas fuertes y a la sensibilidad inteligente que está en esas líneas. El tema de las mejores y las peores compañías también es asunto de líneas.

Y para el proceso de la vida, es clave encontrar un aliado[4]. El aliado nunca es quien nos salva ni tiene que ver con una noción de salvación que venga por fuera del trabajo personal. El aliado es el que esta posicionado en una línea más potente y constructiva para uno, y atrae desde esa línea. No convence a nadie, tan solo atrae. Hacer contacto con el aliado es ir hacia su línea, una línea de menor cautiverio que en la que estamos. Así será el hecho de transcurrir llegando hacia uno mismo, ir hacia líneas cada vez más nobles, de menos intoxicación, ir por líneas de fuga y cuando hay un índice o un elemento que alerta, que invita a fugar hacia una línea, emprender el movimiento.

Tenemos muchas ayudas y un gran potencial de imaginación a disposición. Tenemos opciones y muchas. Es cuestión de salir de nuestro pequeño imaginario hacia el terreno de la inconmensurable imaginación. Rozar el gran magma de la imaginación, me ofrecerá mundos para que yo capte partes de una gran totalidad de mundo, dada en porciones, por un proceso de fractalizacion[5], que me detiene en formas, en situaciones, en personas, en objetos, que si sé observar se abren en múltiples facetas, contienen múltiples visiones, variados mundos, infinidad de códigos.

Pregunta: ¿Cómo sería una línea más pura, a las que hay que ir accediendo, cómo puedo saberlo?

M: Cuando se trabaja en algún entrenamiento físico, se trata de que el cuerpo quede alineado. ¿Qué significa alinear el cuerpo? Que la línea de la postura correcta esté resonante con las líneas de energía que penetran en el cuerpo y trazan su mapa perfecto, decidido, puntual, observable, fluido y contundente. Cuando mis tensiones y torsiones no permiten que mis líneas queden alineadas a las fuerzas puras y sus tensiones justas, mi cuerpo se alza trastocado, mis órganos tensos se enferman, mi temperamento se deprime o se irrita. La línea más pura es la que conecta a fuentes más vitales, luminosas, armónicas para el ser humano. Un correcto entrenamiento es un entrenamiento con las líneas, con lo que llamaríamos las posturas y las posiciones correctas para el fluir del movimiento, que es el fluir del cuerpo, de sus líneas, de la justa tensión de sus músculos, de la coordinación de sus sistemas. Así de complejo y específico es el arduo proceso de alinearse.

La potencia de la inteligencia es la capacidad de captar cada vez fuerzas más puras, más nobles, más nítidas. Es una cuestión de salud aprender a detectar el tipo de forma en el que las fuerzas se encarnan, para bien y para mal.

Si seguimos con la cuestión de la imaginación, hay en general dos tipos de imágenes, unas que vienen de las imaginaciones cautivas, se extraen gracias a la conexión por vibración y quedan vibrando todas en la cuerda de lo que es mi propio imaginario, quedan domesticadas, hechas a mi modo. Cuando una persona imagina desde su imaginario, cree ver mundos que en realidad son proyecciones internas de esas imágenes ya cautivas. Son visiones que salen de uno y vuelven a uno sin tener acción vibracional modificadora, aunque aseguremos ver la sonrisa de Dios sonriéndonos.

Las verdaderas imágenes son las que bajan de líneas más puras y se mantienen en la pureza de sus líneas, esas imágenes si se siguen, nos dan un gran empuje hacia las salidas. Son imágenes que no coloco en mi imaginario, que las soporto ajenas, extrañas y misteriosas para mí. Son imágenes que no nos sacan de ningún cautiverio, pero nos dan fuerza con la que no contábamos para salir. Es todo un detallado trabajo saber detectar las imágenes, dejarlas en sus líneas de vibración y discernir qué imágenes son las novedosas y cuáles no.

Es muy común observar que cuando las personas se relajan digan que vieron una luz. Pero resulta que las primeras luces que uno ve, son las luces de la propia oscuridad, los efectos luminosos de las propias sombras. Las consideramos luces pero en realidad son los efectos lumínicos de la propia noche.

Comentario: Se dice muchas veces, “tal persona es muy espiritual”.

M: No comprendo muy bien qué significa que una persona se defina como más o menos espiritual que otra. Lo espiritual es sostener un proceso inteligente, muy arduo de sostenerse con integridad. Espiritual es quien anhele sostenerlo, eso si. Quien tenga el afán de buscarlo, asumiendo la ignorancia de no saber si lo encontrará. Esa persona tiene que tener una profunda sed de algo de comprensión para el más allá y el más acá del diario vivir de sus días. Tiene que tener curiosidad, pues si una persona no nace curiosa, la curiosidad no se adquiere. Uno no vuelve curioso al que no es curioso. La curiosidad es algo que está adentro de una persona, y aunque la persona esté muy dormida, el contacto con mínimas sensaciones la inclina hacia su propia curiosidad. Pero se le puede ofrecer la biblioteca de Alejandría a alguien que no es curioso y no pasará gran cosa.

En la medida en que una persona va levantando su inteligencia sensible, va llegando a cierta percepción y conocimiento de universos paralelos, vislumbra el vértigo de los agujeros negros, las rajaduras del espacio-tiempo. Esto sucede porque al entreabrir la puerta del magma, la conciencia despierta a ver otros procesos de decodificación de mayor complejidad e interconexión.

El tema es sostener la potencia de la imaginación y saber traducir las señales que se nos ofrecen, ya sean como elementos sueltos o como símbolos. Y lograr la traducción exacta un signo, hacer la correcta lectura de un símbolo, ya requiere un aprendizaje que no pasa por lo que yo interpretaría a mi modo, de lo que digo que las cosas son. Si hago la traducción correcta del símbolo, como el símbolo es una idea-fuerza, si la traducción es correcta entonces, tomaré de la idea la calidad de su fuerza. Cuando la traducción no es correcta queda la idea, se evapora la fuerza, se puede ahondar en la comprensión pero no se avanza en el movimiento, ni se produce un cambio. No hay fuerza.

Se dice que hay muy pocos conceptos potentes, porque el concepto potente es el que rompe, el que hace añicos un cristal mo-delado a fuerza de consenso. Nunca podría haber un concepto potente que calme el status quo reinante. Estamos presos en infinidad de encadenamientos que hay que romper para respirar nuevos aires, para saber ser equilibrista de Paul Klee, sosteniéndose en medio de una gran inestabilidad.

Toda línea si es potente está resonando y en su resonar se abrocha a símbolos que la traducen. Los símbolos son como llaves que se deslizan para abrir o cerrar puertas de percepción y conocimiento. Puedo estar en una situación de pareja muy complicada. Mi pareja y lo que yo vivo con ella, se encuentra vibrando para nuestra tristeza, en una específica combinatoria de líneas, resonando con otras líneas cercanas y con otras lejanas. Como una línea es mucho más que el rostro de la persona que vive conmigo y con quien discuto acaloradamente, por ese rostro y por sus palabras, se van a filtrar variadas series de señales, entre las palabras, desde el rostro, a los costados de los cuerpos, desde arriba o desde el piso. Esas señales serán el indicador de cómo es la línea y el destino que en lo inmediato, a mí me espera en esa línea si no sé sortearla. Pero también por los costados de lo que me sucede, ya laten las puntas de una línea de salida.

Ahí se inicia mi trabajo. ¿Veo o no veo? ¿Asumo lo que veo o lo borro? Tengo opciones. Me veo preso de la tendencia a hacer interpretaciones sobre lo mucho o lo poco que veo. Mi subjetividad y mi mapa psicológico se ponen en marcha. Inicio mis movimientos de reacomodación para alejar a esa persona de mí o para dejarla eternamente conmigo, pero no por eso se va a mover de la línea que me tiene en esa versión de mí. Porque si una línea me está mostrando ese rostro de mí y de quien tengo frente a mí, es aunque me pese, porque yo estoy adentro de la misma línea o a un centímetro de caer en ella, sino ¿cómo me mostraría ese rostro la línea?

Cuando una persona le pide a otra que cambie, es porque esa persona no puede salir de la línea que los reúne a los dos con esas palabras, con esos rostros, con esas acciones, con esa química, con esas temperaturas, con esos climas. Se le pide a otro por favor un cambio, pero si en el mismo momento no me muevo yo, moveré el mundo, pero seguiré con la tendencia de producir mi mismo calvario en el mundo.

Cuando se capta la naturaleza de una línea, digamos que cuando se capta tanto la vibración de la línea como sus símbolos emergentes, quedaremos frente a la paradoja de las cuerdas: tendremos ante nosotros tanto una fórmula de cierre como una fórmula de salida, casi pegadas, como anverso y reverso. Ahí es donde hay una opción, donde se puede abrir el azar, pagando el costo del peaje de salida hay un soplo de libertad, asumiendo una derrota hay un estado de aceptación. Opciones.

Cuando los profesores de yoga con su disciplina tratan de alinear el cuerpo, tratan de alinear las líneas, lo que sucede es que ali-near las líneas es un gran lío, pues concurren a alinearse también, el resto emocional y mental que vive pegado a la línea torcida. No es tan sencillo arreglar las cosas. Nos cuesta asumir que los movimientos verdaderos son radicales.

Habíamos hablado de las trampas para encaminar la vida. Ahora resulta que también hay tres grandes líneas fijas que se cautivan, limitan, dan forma y hacen posible nuestra vida y que seamos quienes somos. Únicos e irrepetibles.

- El organismo
, que se hace de la relación entre todos los sistemas y circuitos del cuerpo. Ellos informarán con su funcionamiento sano o enfermo, sobre el tono, la lentitud, la rapidez, el modo de circulación de la energía con el que cada persona cuenta para enfrentar cada día de su vida. Las personas son lentas, veloces, ansiosas, resistentes, más o menos frágiles, con mayores o menores tendencias disfuncionales. Esto hay que conocerlo y trabajarlo para darle cada vez mayor y mejor consistencia. Sobre el organismo se abrocha un:

- Estrato de significación, una cantidad de significaciones culturales, maternas, paternas, ancestrales, que dicen quiénes somos, cuál es nuestra identidad, con ese tono, con ese ritmo, con esa resistencia para ser y hacer con el equipo de base, la historia de una vida. Sobre un estrato de significación se hace el armado de:

- Punto de subjetivación, el ángulo desde donde una persona verá todas sus cosas, su propio aleph interior. El ángulo que queda abierto para cada uno, su campo visual desde donde se analizarán los problemas que generan conflictos, las soluciones que hacen soñar en paz y las percepciones con las que cada persona definirá su mundo y el mundo.

Estamos hablando de broches, no podríamos mover el ángulo de subjetivacion si primero no se mueve el estrato de significación. Estoy hablando de bandas, cinturones, pliegues. El problema es la fijeza como cápsula y el salto como desparramo. Es tan necesaria la permanencia como el salto, pero el modo debe ser fluido. Como no es sencilla la tarea, se requiere tanta disciplina, que a veces se suple con recetas sin método, con métodos sin un para qué, con retardos que parecen estados de reflexión, con aceleraciones que ponen cara de toma de decisiones y son actuaciones.

Si uno fuese adquiriendo en los pasos correctos, niveles más potentes de conciencia, inteligencia y espiritualización, seríamos cada día personas más bondadosas. Bondadoso no es el bueno, es el más generoso, que no es quien tiene mejor carácter o se desparrama en una entrega compulsiva. Es quien tiene abundancia, lealtad, agradecimiento y el don de hacer sus jugadas vitales de modo libre, abierto y honesto.

Se suele observar en gran número de personas, una laguna de disociación entre el mundo de aspiración espiritual por un lado, y la vida concreta de todos los días, por el otro. Que una persona se busque espiritualmente no quiere decir que temple su carácter con conciencia, procese su negatividad y sea autocrítica respecto de su actitud ante la vida. Muchas personas suelen divorciar sus procesos internos, en vez de lidiar con la integración coherente de sí mismos. ¿Cuánto yo colaboro para que el otro tenga menos problemas conmigo y para no ser una carga para la gente que me rodea? No son precisamente éstos, los temas de habitual observación y son a la vez el principio insobornable de todo viaje, que se pretenda de naturaleza espiritual.

Comentario: Pero las personas generosas, cargan con mucha gente que se les deposita encima como paquetes.

M: Si se toma a otra persona como carga para uno, ya se la está inutilizando como persona, se la está debilitando en su potencial fortaleza. Si el otro tiene una debilidad real, uno asiste a esa debilidad buscando su punto de fortaleza, no asentando su debilidad y ejerciendo poder sobre su fragilidad, resolviendo la vida en lugar suyo.

Comentario: ¿Qué pasa con un hijo respecto del darle?

Con un hijo también es lo mismo, dar es la tarea, pero no llevarlo como carga. Porque si se lo lleva como carga, se lo inutiliza. Para no llevarlo como carga se debe desarrollar la capacidad de darle, y confiar en él. Si a un hijo se le da genuinamente, se lo está soltando mientras se le está dando, porque el verdadero dar es dar fuerza para la vida, fuerza que va penetrando con un ritmo sostenido en el hijo, poco a poco y sostenidamente, como soplos sutiles y nunca espasmódicos, fluidos que van haciendo con el tiempo acumulado, una fortaleza que lo vacuna de muchas debilidades y que será evidente hacia adelante, cuando vengan las verdaderas pruebas de la vida, cuando esos padres tal vez ya no estén presentes.

Si a un hijo se le da profundamente, se le da fuerza. El dar libera, sólo la entrega para la apropiación de la energía de un hijo, juega malas pasadas. A un hijo no se lo carga, no se lo invade de culpas imposibles de pagar, se lo va liberando en el mismo acto de darle. El proceso en el que el hijo se libere, llevándose la capacidad de dar de sus padres en su interior, ya no es asunto de los padres, depende del tiempo del hijo y de su capacidad de comprender la esencia de lo que ha recibido.

La coyuntura de redes que tejen la vida de un hijo, no son nuestras redes, y hay un punto en que cada hijo nos es absolutamente extraño. Un hijo tiene una combinatoria para su propia vida, no sólo es el efecto de sus padres. Es efecto de un entramado y de una configuración de redes, de la que los padres son sólo las coordenadas de inicio. Lo que observamos en los hijos, ya sea en sus acciones o en sus pequeñas actitudes en el mundo, es la naturaleza de la capacidad de entrega o mezquindad de sus propios padres.

Si cada persona va logrando llegar a fuerzas más puras, más libres de contaminación, la fuerza espiritual se levanta y ese hombre que todos somos se vuelve más generoso, menos avaro, más ambicioso de conocimiento y menos opresor de otros hombres. Si un hombre se puede sostener en su propia soledad y contiene su propia humanidad, tiene menos que tironear y exigir de los demás. Se vuelve dador.

¿Cómo se abre el mundo complejo en nosotros? En principio rompiendo la pasividad, creando otro tipo de fluido, receptividad y acción para vivir. Para ello cualquier detención en una disciplina es un problema. Cualquier trabajo sobre la materia que no busque espiritualizar los procesos, es un problema. Cualquier trabajo de espiritualización sin una solvente capacidad de cuestionamiento también es un problema. Es necesario crear pensamiento sensible. Es necesario sostenernos con sencillez en lo complejo. Para dejar de ser tan complicados.

Nos son invalorables las apreciaciones de Edgard Morin sobre lo urgente y necesario al mundo que nos toca vivir. Más de una vez él ha insistido en que en un mundo menos agresivo, más sensible y más tolerante de lo vital, la complejidad no tendría por qué explicarse con tanto detenimiento. Es el subdesarrollo en que se encuentra nuestra inteligencia, nuestra afectividad y la calidad de nuestros lazos sociales, lo que lleva a hacer hincapié en que nuestras teorizaciones actuales en el campo de las ciencias humanas no tendrían que avanzar sin puntuar detenidamente, las verdaderas condiciones humanas para un mayor desarrollo de la inteligencia sensible, para el despliegue de una mayor solidez de nuestra capacidad de vincularnos, del nacimiento de la responsabilidad, del genuino acto de cuidado por el otro, de la solidaridad con nosotros mismos y con todos y todo lo que nos rodea. No vivimos en relación con una sabiduría y una emocionalidad que se expande sustentablemente, sino que estamos descompuestos en un desequilibrio caníbal y reduccionista que uniforma una ignorancia prepotente[6] y peligrosa para todos.

El autor de una serie profunda de reflexiones y metodología para llevar adelante en el estudio de la interdisciplina ha sido Edgar Morin ( Paris, 1921. Lic. En Historia, Geografía, Derecho). Fue una gran preocupación para él la integración de los campos del conocimiento y sus esferas de interrelación con sus entretejidos de inclusión, convergencia y coexistencia. Pensar en lo interdisciplinario no significa juntar teorías y menos aún conservar todos los beneficios lógicos y emocionales de las teorías en que un investigador se posiciona, sino que para interconectar exitosamente, es necesario revisar todo el sistema de valores de quien pretende hacer las conexiones, los sistemas lógicos que está usando concientemente y por los que está invadido de modos menos concientes, y los códigos discursivos que abarcan los fenómenos que pretende tratar. Para pensar en estos tiempos, hay que rozar la ignorancia y quedar frente a lo que se desconoce, por sobre todo hacer un acto de honestidad respecto del propio narcisismo, respecto de las pequeñas ambiciones personales.

“No se trata ya de entrar en el siglo XX sino de salir de él. Se trata de preparar el siglo XXI. Estamos en los albores del tercer milenio Estamos entre dos mundos, uno que aún no ha muerto y otro que aún no ha nacido… En adelante la supervivencia está ligada a un renacimiento, el progreso a una superación y el desarrollo a una metamorfosis”.

“Y cuando hay confusión entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo real y lo imaginario, cuando hay hegemonía de ilusiones, desmesura desencadenada, entonces el homo demens somete al homo sapiens y subordina la inteligencia al servicio de los monstruos….Pero quiénes somos nosotros, homos sapiens-dementes?

Somos la extremidad de un ala cósmica, impulsados en y por una aventura que nos supera. Estamos poseídos por los mitos, los dioses, las ideas, somos sonámbulos casi totales”.

“Nuestro pensamiento sólo adquiere vida a la temperatura de su propia destrucción. En nosotros está todo el secreto del mundo, pero lo ignoramos y nos es incomprensible, tal vez sea el misterio del misterio.”
[7]

Recordemos que COMPLEXUS es lo que está tejido en conjunto. Por debajo de lo concebible y lo pensable se desvanecen las divisiones entre espacio y tiempo, se disuelve la materialidad, se borronea lo concreto y se descompone la realidad. Pero debemos abandonar las frases hechas y avanzar hacia el método, hacia los procedimientos y el abanico de requisitos necesarios para delimitar cómo se produce esa descomposición. Lo fácil atenta contra la excelencia de lo correcto, las generalizaciones abruptas tapan la verdadera dimensión de un problema, del mismo modo que el puntillismo nos aleja aceleradamente de lo que estamos observando e interconectando para una mayor comprensión.

Sólo conocemos una delgada película de la realidad, que no es otra cosa que un ángulo de visión sostenido por una época, una cultura y una lógica que nos permite definir las cosas y a nosotros mismos de tal o cual manera. La complejidad no lo es todo, no es la totalidad de lo real, pero es lo que más puede abrirse a la inteligencia. La tarea es inmensa e incierta. No podemos ir ni con esperanza ni con desesperanza. Debemos armarnos con una “ardiente paciencia”, al modo de Rimbaud. Recuerdo de modo permanente estas reflexiones que están en el espíritu de investigación de Morin.

Nuestro mayor desafío es una revolución mental. Ya no vamos a avanzar más por acumular mayores conocimientos, sino por organizarlos en función de los puntos estratégicos más importantes que tenemos que desplegar. Avanzaremos cuánto más avancemos con nosotros mismos, en el conocimiento de nuestro interior, en la aprehensión de nuestros límites y de todos los estados en los que somos llevados por nuestra propia crueldad, la sed de gloria, el afán de reconocimiento, la desesperación por sentirnos seguros a cualquier precio y contra cualquier persona.

“Somos engendrados por la sociedad que engendramos y cuánto menos mutilador sea un pensamiento, menos mutilará a los seres humanos.”

“A nivel del pensamiento complejo estamos en el comienzo. Es sumamente difícil pensar complejamente. “En todas partes hay graves subdesarrollos del espíritu humano. Tenemos urgencia en ver la miseria mental de las sociedades ricas, la carencia de amor de las sociedades saciadas y la agresividad miserable de los intelectuales y universitarios, la proliferación de ideas generales vacías y de visiones mutiladas, la pérdida de la globalidad, de lo fundamental y de la responsabilidad.”

El mayor problema del mundo hoy es su subdesarrollo mental, psíquico y afectivo. Estamos en el medio de una guerra, también emocional, también mental. Las teorías no saben convivir unas con otras. Nosotros no sabemos convivir unos con otros, con tanta agresividad e insensibilidad. Es la tarea humana recuperar sensibilidad e inteligencia para poder vivir de un modo amoroso. Muchos finales se precipitan y nuestra calidad de vida se deteriora aceleradamente. Toda noción de salvación personal es absurda e ignorante. Nuestras responsabilidades esperan y nuestro patológico narcisismo debe caer antes de que nos voltee a cada uno.

Para pensar la complejidad se necesitan de macro conceptos. Las contradicciones no son errores, son capas de realidad armadas con otra lógica que también habrá que desentrañar. Para pensar la complejidad necesitamos tener en cuenta tres principios siempre activos: un principio dialógico por medio del que consideramos que los términos siempre son complementarios y antagónicos, individuales y transindividuales. Un principio de recursividad, por el cual todo es producido a la vez que productor. Un principio hologramático, por el cual cada célula contiene la totalidad de la información genética, con lo que nuestro conocimiento del todo aumenta con el conocimiento que tengamos de las partes.

En los desarrollos de Wilber encontramos algunos postulados que se orientan en la misma dirección[8], dentro del ámbito de la Psicología y el desarrollo de la conciencia. El psicoanálisis ha aportado mucha red conceptual en lo que va de este siglo y la filosofía actual sin ir más lejos ha dado inteligencias que mucho tienen para aportarnos. Pensemos en Foucault, pensemos en Deleuze.

“Como nuestros objetivos no son elevados sino ilusorios, nuestros problemas no son difíciles sino absurdos” era el texto de Wittgenstein.

No hay demarcaciones entre las cosas. Todo lo que está limitado es parte de un entretejido sin costuras. Diría T. de Chardin: “La sustancia del universo no puede dividirse, sino que como un átomo gigantesco, forma en su totalidad la única realidad indivisible. Cuánto más y más profundamente penetramos en la materia, valiéndonos de métodos cada vez más poderosos, tanto más azorados nos deja la dependencia recíproca de sus partes. Es imposible hacer cortes en la red sin enmarañarnos nosotros con los hilos.”

La doctrina budista del Dharmadhatasa encuentra el “ámbito universal o campo de la realidad”, donde todas las cosas están incluidas. Ver un objeto es ver un campo de objetos. El orden implicado de David Bohnn ha sido una enorme contribución, los estudios de Deleuze sobre Leibniz un debelador viaje por la realidad actual. Hay una unidad por debajo de las líneas divisorias de los mapas que puede dibujar un hombre. No se confunde mapa con territorio, fronteras con realidad, símbolo con lo simbolizado, los nombres con lo que se nombra.

Será parte de la evolución humana llegar a grados mayores de la conciencia de unidad. Esta conciencia no es temporal, su potencia es intemporal y eterna. No tiene comienzo ni nacimiento, ni acabamiento o muerte. La eternidad no es la conciencia del tiempo perpetuo, sino la conciencia que se da sin tiempo. Adquirir esta conciencia de unidad es vivir en un momento intemporal. Es el tiempo el que impide que la luz llegue a nosotros, son las ficciones del tiempo las que eclipsan nuestra luz, recordemos al maestro Eckhart.

El único acceso que tenemos a lo intemporal es desde el momento presente, es penetrándolo que llegamos, es penetrándonos que lo penetramos. Nos demoramos en ayer y estamos siempre soñando con mañanas. Así nos inmovilizamos con tortuosas cadenas de tiempo y nos atamos a fantasmas y visiones que desdibujan la fuerza del tiempo presente, único tiempo de la acción.

El arte será percibir, sentir, pensar y actuar en una suerte de presente intemporal, en una conciencia del instante. Ese momento es audible, sólo se desprende del presente y de la percepción directa. Este es el instante en el que el pasado en cuanto recuerdo no empuja al hombre y el futuro no tira de él. Ese presente lo incluye todo, pasado y futuro.

El ser humano opaca su proceso de conciencia primero por la lucha con sus identificaciones infantiles, luego por la lucha con sus fantasmas sombríos, luego por sus sueños de futuro complicado e incierto, en sí por mecanismos mentales tan confusos que no le permiten la visión de sí mismo. Luego no solo con la mente lucha el hombre, también se ha divorciado del conocimiento de su propio cuerpo, cuerpo que viene disociado por un temor a la muerte tan angustiante como ignorante y pobre de sentido. Muerte que tiene una inscripción permanente en el cuerpo, que día a día anuncia su presencia real, aunque toda la fantasía se levante soñando evadirla. El hombre tiene que ir por su unidad psicosomática, no hay otras opciones de calidad de vida para él, si no comienza por reunirse con él mismo. El ego es el autor de la mayor separación del cuerpo y la mente, pues se intercepta en el medio, intercepta las sensaciones y nos deja abrochados e ignorantes, pegados a una imagen mental de la mente, a una imagen mental de las emociones y a una imagen también mental del cuerpo.

Es necesaria la aparición del sufrimiento para que se inicie la búsqueda. Wilber tenía su método, los pasos eran la persona, la sombra, el ego, los mitos y las visiones de la unidad. Jung aportaba el suyo en el trabajo de ir hacia la sombra y a la integración del ánima-ánimus. Y tantos más, algunos de los cuales hemos tomado en cuenta en desarrollos anteriores.

“Eikón” es el arte de fabricar imágenes. Si seguimos a Platón aquí, Cronos es el eikón del Aión[9]. El tiempo cronológico, tiempo pulsado es el que fabrica la imagen que en la línea de tiempo pura, tiempo del Aión aparece tan solo como campo vibracional. En ese sentido Cronos está destinado a ser un fantasma, pues en tanto decodifica un campo de vibración, en última instancia su destino es producir solo apariencias y la condena humana será detectar las fuerzas del cosmos desde la potencia de sus imágenes inexorablemente ligadas a su Cronos mientras viva.

¿Qué hace el poeta? Algo similar a lo que hace el místico. Se ubica en una posición que hace vacío, en un afuera de su personalidad inmediata, suspendiendo su tiempo por instantes y traduciendo las voces de los dioses, nos dirían los griegos. Entra en un no-ser como el personaje Ión en la tragedia de Eurípides, siendo una suerte de rapsoda que escucha los dictados de un dios, aún mientras su vida cotidiana se agite entre los amores y las distancias, los reencuentros y las pérdidas.

[1]
Los siguientes textos son una guía permanente en estos desarrollos:
· Deleuze, G. y Guattari, F.: ¿Qué es la filosofía?, Ed. Anagrama, Barcelona 6º ed. 2001
· Deleuze, G.: Derrames Ed. Cactus, Buenos Aires, 1ºed. 2005
· Cacciari, M: El Dios que Baila. Paidos, Barcelona, 2001
· Rilke, R.: Las elegías de Duino
· Film: What the bleep do we know? USA, 2005, W. Arnt, B.Chasse, M.Vicente.


[2]
Fitzgerald, S: The Crack Up, Anagrama, Barcelona, 2º ed.: 2003. El alcohol y la demolición, Págs.: 105-127.

[3]
Deleuze, G. y Guattari, F: Mil Mesetas, Pretextos, Valencia, 2ºed. 1994. En “Máquina abstracta” Págs. 511-522

[4]
Deleuze, G. y Guattari, F.: En Mil Mesetas, ob. cit. En “Devenir animal, devenir....”

[5]
La teoría de Mandelbrot sobre los objetos fractales resulta aquí de interés. Consultar también en Deleuze, G. y Guattari, F. en Mil Mesetas. Ob. Cit. En “Devenir animal, devenir....”

[6]
Voy a tomar algunas puntuaciones muy precisas del pensamiento de Morin, tomadas del criterioso trabajo de Grimberg, M.: Edgar Morin y el pensamiento complejo. Ed. Campo de Ideas. Madrid, 2002

[7]
Ibdem. Ob. cit

[8]
Wilber, K.: Conciencia sin fronteras. Ed. Kairos, Buenos Aires, 1985. Pág. 12

[9]
Calvo, M: Ruedas de la Vida. Ed. Pasco. Bs As, 2005
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